Friday, January 29, 2016

¡CORRE, CORRE, SON LAS DOCE!

“Se puede engañar a algunos todo el tiempo y a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo”. ~Abraham Lincoln.

Foto: ClipartOf.com/1118261

Alicia en el país de las maravillas, analogía usada por Miguel Escotex, para ilustrar la importancia de la educación permanente en el desarrollo del hombre, parece ser un cuento que bien podría ser “Acuña en el país de la maravillas: Perú". Un país donde es tan fácil crear una identidad, como meterse en una casa, asaltar en banda, y no pasa nada. Un país donde la informalidad campea, se fraguan recibos de venta, tanto en la calle, como en el Congreso. Un país en donde un escurridizo y altamente costoso asesor construye ídolos de barro que se desmoronan a la luz de las cámaras.

Un país donde el recurseo es el pan de cada día, y donde cualquiera puede tener universidades sin saber leer y escribir. “El Doctor Acuña tiene un título y se le debe dar el beneficio de la duda”, gritaba Anel Townsend en Exitosa, mientras su voz se convertía en eco, en sonidos que se apagaban ante la inquisitiva periodista que le cerraba el cerco de lo indefendible.

Lo curioso es que de la misma manera que la Reina Roja invita a correr a Alicia, Anel invita a correr, a Acuña, pero de las preguntas. Dio la cara dijo, y en efectivo la dio, lo vimos ahí parado, cogiendo un papel previamente escrito, lo vimos gesticular mientras la vocales, las letras, las comas, y las pausas, huían espantadas de su boca. 

Todo un show para los enanos del país de las maravillas y para un séquito llamado plancha presidencial.  El nuevo ídolo de barro al igual que el anterior, salió corriendo, huyendo de la luz que lo expone, como si las doce campanadas lo fuera a convertir en calabaza, en una farsa que llora, en un "mimicry".  En el país de las maravillas todo es posible.

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