Thursday, August 28, 2014

SANGRE EN EL RUEDO

“Las cosas no cambian; cambiamos nosotros” ~Henry David Thoreau

por Susana Danino  @Berkeliana


Cueva de Altamira, The Buried Mirror

     Hace un par de años mientras regresaba de la sierra pasé por la muy conocida Plaza de Toros, Acho. Los lamentos, casi imperceptibles, emanaban con gran tristeza y el recuerdo de aquellas punzadas que victoriosos matadores propinaron a valientes toros de lidia, me recordaron el hedor de sangre que rodea a las faenas taurinas, ese afán del hombre por danzar con la muerte, esa brutal muestra de gran poderío.  Las corridas de toros tienen una larga historia en España y obviamente en nuestro país.  Para justificar ese afán incomprensible que mora en el lado salvaje del ser humano, esa magia del momento imposible de comprender si no se experimenta, muchos como el Nobel Vargas Llosa, defienden las corridas de toros por ser tradición y parte de la cultura.  No hay duda que el toro negro es una especie bravía, de porte impecable y de gran fortaleza. Tampoco hay duda que esta especie es criada específicamente para lidiar, pero también lo es, para morir trágicamente.  Igualmente no hay duda que las tradiciones que emanan de la cultura no son eternas y que muchas de estas se han erradicado por ser extemporáneas, “las cosas no cambian; cambiamos nosotros” dijo Thoreau cuando promovía la erradicación de la esclavitud.

     La historia de la fascinación del hombre por los toros no es nueva, viene de mucho tiempo atrás, existen vestigios de esta fijación, allá en las cuevas de Altamira en Cantabria.  Los descubrimientos de pinturas rupestres en Altamira en 1879, en una cueva no sumergida todavía en la oscuridad, comprueban que el hombre ha lidiado con toros desde épocas ancestrales.  Pero los primeros vestigios de las corridas de toros data de la isla de Creta, en donde el hombre y el toro eran vistos como uno solo, dice Carlos Fuentes. Esta figura mítica de los poemas de Ovidio, es el minotauro, aquella bestia que encarna al hombre y al toro en uno solo, es la representación perfecta de la dicotomía entre la vida y la muerte, la inteligencia y la fuerza.  España no ha sido ajena a esta tradición y la ha hecho suya, como lo han hecho muchos países que fueron sus colonias.

     En España el tema ha adquirido un tinte político.  Por un lado, está la cultura y su nueva connotación de moral y honestidad atribuida al PESOE, Cataluña y por decir lo menos, al “progresismo” que tanto fustiga Vargas Llosa. Por el otro, está el castellano, el “heredero” de la cultura y el llamado a preservar los orígenes de exquisitas creaciones que poetas y escritores han hecho de la tauromaquia. Pero valorar a Federico García Lorca por “El llanto a la muerte de Ignacio Sánchez Mejías", es minimizar la vasta creación del poeta y dramaturgo.  Sería impensable no apreciar a un Lorca en el Romancero gitano, La Zapatera, Bernarda Alba, y muchos más.  El hecho es que ambos lados están trabados en una posición en la que se pretende dar lecciones, uno de moral y el otro de cultura. Esta controversia generó un arduo debate entre Rafael Sanchez Ferlosio y Mario Vargas Llosa.  El autor de “El Jarama" hizo una crítica feroz a las faenas taurinas y manifestó su oposición a que se le declarase “patrimonio de la humanidad”, lo que provocó la airada respuesta del Nobel una semana después. 

     EL Perú no es ajeno a la controversia, por un lado están los grupos activistas antitaurinos que repudian el maltrato animal y por el otro los aficionados, las autoridades locales y nacionales que al igual que los castellanos, sienten que deben guardar celosamente esta tradición cultural. Sin embargo, el cuestionamiento radica en la práctica de la tauromaquia como un acto artístico mientras engendra violencia y muerte.  Si bien al repique del paso doble al grito del óle cómplice, las emociones se agudizan y la plaza estalla en un furor desmedido; la faena no tiene que terminar con la muerte del toro. No está acaso el hombre capacitado para este análisis consciente y si es así, ¿por qué no lo hace?

     Mario Vargas Llosa defiende esta tradición de violencia, por que el espectáculo “electrizante” y de “complicidad”, arrastra al torero y al toro a “la boca de la sombra”.  Donde según él, muchos llegamos a enfrentar nuestra excelsa capacidad creativa y donde inefablemente también moran nuestros demonios.  Sin embargo hay muchas maneras de llegar a esta orilla de sombra, se puede llegar en estado de auto sacrifico, de entrega de banalidades que recrean lo que en estos tiempos es considerado abuso animal.  Se puede llegar a la orilla de sombra, enfrentando nuestra mortalidad, aquella que al final nos equipara a todos los seres vivientes, pues al final somos uno solo.  Sí la tradición no se ajusta a su contexto histórico, evidentemente debe caducar o enfrentar los embates de lo que el Nobel llama “progresismo”. ¿Alguien podría siquiera en estos tiempos, recrearse de la lucha entre gladiadores y leones? ¿Debe el discurso plantearse desde la mira de grupos activistas?  No lo creo, cualquiera puede cuestionar la cultura desde cualquier punto de vista, pues esta es interdisciplinaria.

     Lo cierto es que en el ruedo, son el toro y el torero, ambos enfrentados por un solo motivo, supervivencia.  Ambos midiendo la destreza que cada uno carece.  Ambos deleitando a un público que se creyó que la ofrenda a Hércules es el sacrifico de la bestia.  ¡No! digno Nobel, no hay “banderillas en la justa medida”, las hay para prolongar la danza de sangre y el machismo del torero.  ¿Pero puede acaso la inteligencia del hombre pasar por alto lo que su sensibilidad de ser humano le niega? ¿Puede acaso ser insensible al animal que enfrenta, y no regalar el maravilloso regalo de la vida?  ¿Puede el hombre con toda su sapiencia y empatía rodar la cabeza del toro como aquella trágica cabeza del animal que preside la noche humana de Guernica?  Guernica de Pablo Picasso es un atestado de las debilidades del hombre, su fracturación, y sus banalidades.


Parte de Guernica de Pablo Picasso, The Buried Mirror

     Al igual que el Nobel, algunos ponen resistencia y se niegan a reconocer que las corridas de toros no van de acuerdo con el pensamiento moderno y que como sociedad hemos avanzado hacia comportamientos incongruentes con el abuso animal.  ¿Se puede entonces en aras de la cultura pretender “amar a los toros” como lo manifiesta el Nobel y a la vez verlos danzar con múltiples banderillas, mientras la sangre emana de sus heridas?  Si el amor a los toros de lidia, representa su inefable muerte, mil veces vale entonces odiarlos, y pecar de “ridículos” como se dijo de Rafael Sánchez Ferlosio por escribir que las corridas de toros eran una abominación.

     En conclusión para entender el ensayo del Nobel y el pasatiempo a las corridas de toros, no se tiene que amar a los toros en la medida como él lo define. Ni se tiene que entender que las corridas de toros son un encuentro cultural de fiesta, paso doble y garbo paso del torero. Ni mucho menos se tiene que ser parte de la corriente progresista, para cuestionar la danza de la muerte.  Tampoco se tiene que disfrutar de una tradición, cuyas raíces emanan de una cultura que bien debía quedarse plasmada no tan sólo en las cuevas de Altamira, sino en los libros, pero ya no en los ruedos.  Sólo el pasar por Acho, es suficiente para entender que un evento artístico no debe engendrar violencia.  La cultura debe enfrentar su historia, analizar sus tradiciones y corregir las que deba, después de todo ya salimos de las cavernas, y el laberinto de Minos sólo existe en la mente del hombre. 
Bibliografía

“Caves at Altamira.”  Fuentes, Carlos. The Buried Mirror: Reflections on Spain

     and the New World.  Houghton Mifflin Co. Ed. Boston, New York 1999. 18.

Fuentes, Carlos. “Sun and Shadow.”  The Buried Mirror: Reflections on Spain

     and the New World.  Houghton Mifflin Co. Ed. Boston, New York 1999. 9.  

Ovidio. Metamorfosis. Alianza Editorial. Madrid. 1995.  152.

Picasso,Pablo.  “Guernica.”  Fuentes, Carlos. The Buried Mirror: Reflections

     on Spain and the New World.  Houghton Mifflin Co. Ed. Boston, New York

     1999. 21.

Sánchez Ferlosio, Rafael.  “Patrimonio de la Humanidad”.  El País 5 de Agosto 

     2012.  Madrid.


Thoreau, Henry David.  Poetry Foundation.


Vargas Llosa, Mario.  "La barbarie taurina."  El País 12 de

     Agosto  2012.  Madrid.  

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